Cinema. Calabria, mafia del sur. Realismo sucio y sombrío

Blogs.eldiariomontanes.es Guillermo Balbona CALABRIA, MAFIA DEL SUR  2014 103 min. Italia Director: Francesco Munzi. Reparto: Marco Leonardi, Peppino Mazzotta, Fabrizio Ferracane, Anna Ferruzzo, Barbora Bobulova. Coproducción Italia-Francia. Drama Sala: Los Ángeles. Hasta el domingo.

Hay más ceremonia que intensidad. Un realismo seco, hondo, pero despojado de esos guiños de thriller dramático que ha acompañado todo retrato de la mafia en el cine. En ‘Calabria’, geografía y ciudad, sentimiento y turbiedad, tradición y peso familiar, conviven como parte de la esencia antropológica, paisajística y patrimonial. El filme de Francesco Munzi, ‘almas negras’ es su título original (mucho más coherente), es falsamente austero, una especie de documental del revés donde la autenticidad, el verismo lo proporcionan las colisiones entre unos personajes, profesionales y lugareños sumados al rodaje, que transmiten autenticidad, y el entorno. Más sombría que desgarrada, la obra del cineasta de ‘Saimir’ logra cercanía pero se muestra irregular en el ritmo y no puede evitar ciertos baches. No hay ornamentos en ‘Calabria’. Tráfico de drogas, ecos y reminiscencias de sangre y familia, devociones y lealtad, miedos y poder.

Exento de los modismos de género, busca con insistencia una atmósfera propia, diferenciadora, que se postula alejada de las miradas convencionales o de esa iconografía demoledora de los Scorsese y Coppola. Esta mirada italiana, endógena, antropológica, arriesgada e introspectiva resalta sobre todo por su valor intrínseco, su vuelta de tuerca interior. Desde el Matteo Garrone que adaptó a Roberto Saviano para lanzar su retrato a tumba abierta sobre la Camorra napolitana, reflejo de ‘Gomorra’, no había vuelto a presentarse otra incursión de tono tan crudo. La ndrangheta’, bañada en los beneficios de la droga, vertebra de fondo este perfil de clanes, con ovejas negras y alguna blanca, con muchos lobos y pastoreo y postureo humano, entre el honor , la venganza y la muerte. Munzi usa el drama pero también se desentiende de él. En realidad concede más importancia a la geografía física, al ritual que a la anécdota. Y el ritmo es el mecanismo comercial que sostiene todo el andamiaje de una familia sostenida en el enredo ordenado de los negocios sucios y criminales.

La historia va dejando atrás los mecanismos de defensa acomodaticios y revela los mundos, subterfugios y el ecosistema de un cine hecho de muchos lugares comunes para el contaminado ojo del espectador. Pero como en ‘Los Soprano’, el filme de Munzi crea una envolvente de códigos y evita que exista algo magnético y seductor. Al contrario, el sonido es el del vacío, la vacuidad existencial, la renuncia, lo inevitable, el destino sordo y negro. ‘Calabria’ se resiente de un latido irregular pero saca la cabeza en su afán por dibujar un mapa geológico de la identidad, las raíces y la entraña de la mafia, su ADN primitivo y atávico.

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