El "darwinismo criminal" o cómo se adapta la mafia a la era de internet

Álva­ro Cabal­le­ro Efe ROMA – La mafia, con su famo­sa ley del silen­cio, la "omer­tà", se encuen­tra aho­ra con uno de sus gran­des retos en la era de Insta­gram y de la exhi­bi­ción de la vida pri­va­da, según "La rete degli invi­si­bi­li", obra que inve­sti­ga a la Ndran­ghe­ta 2.0, la nue­va cara de la mafia cala­bre­sa. "La Ndran­ghe­ta hoy dispa­ra mucho menos y cor­rom­pe mucho más", expli­ca a Efe el pro­fe­sor exper­to en mafia Anto­nio Nica­sio, autor jun­to al juez Nico­la Grat­te­ri de este libro que demue­stra cómo la orga­ni­za­ción cala­bre­sa es aho­ra una red glo­bal que con­tro­la todos los aspec­tos del cri­men orga­ni­za­do, desde el trá­fi­co de dro­gas al blan­queo de dine­ro.

La irru­p­ción de la red tuvo un duro impac­to en la estric­ta regla de silen­cio que había man­te­ni­do viva la Ndran­ghe­ta duran­te déca­das, algo que afec­tó a los ben­ja­mi­nes de la mafia, nati­vos digi­ta­les, que "usan las redes socia­les y las usan mal", seña­la Nica­sio. "Muchos 'ram­pol­li' ‑los retoños de la mafia- han sido arre­sta­dos por­que subían fotos sin saber que su telé­fo­no tie­ne acti­va­da la geo­lo­ca­li­za­ción". Sin embar­go, la cala­bre­sa ha sido la mafia que mejor se ha adap­ta­do a la nue­va era, con más habi­li­dad que la Cosa Nostra sici­lia­na o la Camor­ra napo­li­ta­na, gra­cias al "dar­wi­ni­smo cri­mi­nal que la carac­te­ri­za", según Nica­sio.

La Ndran­ghe­ta se ha inter­na­cio­na­li­za­do, ha pasa­do de tra­pi­chear con dro­ga en las pla­zas ita­lia­nas a "sub­con­tra­tar" este ser­vi­cio a las mafias nige­ria­nas, y en vez de con­tro­lar direc­ta­men­te el trá­fi­co de cocaí­na desde Lati­noa­mé­ri­ca ha dele­ga­do su papel a "bro­kers" alba­ne­ses. Los jóve­nes mafio­sos "más inte­li­gen­tes pero más frá­gi­les que los de las gene­ra­cio­nes ante­rio­res", apun­ta Nica­sio, hacen uso del vasto mun­do que pue­de ofre­cer Inter­net, desde la "deep web" hasta la men­sa­je­ría a tra­vés de Tele­gram, en vez de Wha­tsapp, ya que ésta per­mi­te eli­mi­nar instan­tá­nea­men­te los men­sa­jes envia­dos. Un "capo" lle­gó a pro­po­ner el pago en "bit­coin" (un tipo de crip­to­mo­ne­da) de una par­ti­da de cocaí­na, como reve­ló una escu­cha poli­cial, algo a lo que el nar­co­tra­fi­can­te se negó, ya que pre­fe­ría bil­le­tes de 500 euros.

En la pre­sen­ta­ción del libro en Roma inter­vi­no tam­bién el juez Nico­la Grat­te­ri, fiscal anti­ma­fia en Cala­bria, la región con for­ma de bota en el suroe­ste de Ita­lia, quien aler­tó de la nece­si­dad de "no bajar la guar­dia" ante una orga­ni­za­ción que ya no mata como lo hacía antes. "En el ima­gi­na­rio colec­ti­vo la mafia ya no exi­ste, ya no es peli­gro­sa", desar­rol­la Grat­te­ri, debi­do a que ya no se pro­du­cen aten­ta­dos mediá­ti­cos como el que per­pe­tró la Cosa Nostra con­tra los jue­ces Pao­lo Bor­sel­li­no y Gio­van­ni Fal­co­ne en 1992, que habían ini­cia­do un pro­ce­so para desman­te­lar la orga­ni­za­ción. La eter­na pre­gun­ta que ha mar­ca­do déca­das de lucha de la magi­stra­tu­ra ita­lia­na no tie­ne una respue­sta fácil, pero Nica­sio cree que es impre­scin­di­ble que la lucha anti­ma­fia "se glo­ba­li­ce como lo ha hecho la mafia".

"La Ndran­ghe­ta más que a la busca de los para­í­sos fisca­les va a la búsque­da de para­í­sos nor­ma­ti­vos, don­de es mucho más fácil delin­quir", con­ti­núa, por lo que cree que las poli­cías de los distin­tos paí­ses debe­rían coor­di­nar­se para ata­car los vacíos lega­les que per­mi­ten actuar a esta orga­ni­za­ción. Una coor­di­na­ción que debe­ría invo­lu­crar tam­bién a los gigan­tes tec­no­ló­gi­cos, como Goo­gle o Face­book, opi­na, para poder "moni­to­rear" las acti­vi­da­des de los mafio­sos en su uso de las redes socia­les. "Si no supe­ra­mos el lími­te de las fron­te­ras y no apli­ca­mos una estra­te­gia glo­bal, la mafia gana­rá", respon­de con­tun­den­te Nica­sio. Aun así, en los últi­mos años se está vien­do cómo muchas fami­lias, ata­das hasta hace poco a la "omer­tà" mafio­sa, empie­zan a denun­ciar el con­trol cri­mi­nal de la Ndran­ghe­ta.

Como cuen­ta Grat­te­ri, ame­na­za­do de muer­te desde que lle­gó en 1986 a la fisca­lía de Catan­za­ro (capi­tal de Cala­bria), "antes nadie que­ría venir a tra­ba­jar a Cala­bria, aho­ra vie­nen más jue­ces por­que ven que hay resul­ta­dos". El fiscal lle­va 30 años sin poder ir al cine, a un restau­ran­te en Cala­bria, a la pla­ya o a la escue­la de sus hijos para no arrie­sgar su vida, pero asu­me con resi­gna­ción todos estos pro­ble­mas: "todo tie­ne un pre­cio en esta vida, lo impor­tan­te es tener un obje­ti­vo y saber que haces algo justo para la colec­ti­vi­dad". Este dra­ma coti­dia­no no le impi­de ver con opti­mi­smo el futu­ro, y con­fía en "poder infec­tar a más jue­ces jóve­nes con la enfer­me­dad de la anti­ma­fia", tras déca­das de lucha desde su despa­cho, que empie­zan a dar resul­ta­do.

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