Los secretos de la Garduña: ¿Fue creada la Mafia italiana por criminales de la España imperial?

La fun­da­ción del deno­mi­na­do como cri­men orga­ni­za­do remon­ta su ori­gen, según leyen­das popu­la­res toda­vía vigen­tes en Ita­lia, al nau­fra­gio en el siglo XV fren­te a las costas de la isla de Favi­gna­na de tres her­ma­nos españo­les: Osso, Mastros­so y Car­ca­gnos­so, fun­da­do­res legen­da­rios de la Cosa Nostra, la Ndran­ghe­ta y la Camor­ra, respec­ti­va­men­te. Los tres cabal­le­ros, miem­bros de la pode­ro­sa Her­man­dad de la Gar­duña, venían huyen­do de España por un feo asun­to de honor cuan­do arri­ba­ron en una tier­ra supue­sta­men­te incor­rup­ta.

La leyen­da rela­ta que los tres cabal­le­ros, pro­ce­den­tes de Tole­do, se habían visto obli­ga­dos a huir tras ven­gar con san­gre el honor de su her­ma­na vio­la­da. Con­si­guie­ron esca­par de Castil­la y se embar­ca­ron hacia Ita­lia, reca­lan­do después de un nau­fra­gio en Favi­gna­na, una pequeña isla pró­xi­ma a Tra­pa­ni, en el extre­mo occi­den­tal de Sici­lia. El cuen­to ase­gu­ra que Osso, el mayor de los tres her­ma­nos, per­ma­ne­ció en la isla y dio ori­gen a la Cosa Nostra. Mastros­so atra­ve­só el estre­cho de Mes­si­na y se esta­ble­ció en Cala­bria, don­de sur­gió la Ndran­ghe­ta, mien­tras que Car­ca­gnos­so, el más ambi­cio­so de los tres, logró lle­gar a Nápo­les, una de las gran­des pla­zas del pode­ro­so Rei­no de Ara­gón, para fun­dar la Camor­ra. 

Los tres her­ma­nos serían, según esta fábu­la, los crea­do­res de los códi­gos de honor basa­dos en valo­res como valen­tía, leal­tad y fide­li­dad que se atri­buyen las orga­ni­za­cio­nes clan­de­sti­nas ita­lia­nas, pese a que su actua­ción dic­ta de tener nin­gún ápi­ce de noble­za.

La teo­ría sobre la fun­da­ción españo­la de las gran­des mafias ita­lia­nas cum­ple la apa­rien­cia de la típi­ca fábu­la nacio­na­li­sta para acha­car a la influen­cia exter­na un pro­ble­ma local. Así ocur­re en el ima­gi­na­rio nacio­na­li­sta cata­lán, don­de la Inqui­si­ción –vigen­te en la Coro­na de Ara­gón dos siglos antes que en Castil­la– ha que­da­do vin­cu­la­da úni­ca­men­te a los castel­la­nos, jun­to a otros defec­tos y pro­ble­mas que eran ante­rio­res a la unión diná­sti­ca de los Reyes Cató­li­cos. 

En el caso de las mafias ita­lia­nas, la tra­di­ción de gru­pos cri­mi­na­les con una orga­ni­za­ción pro­fe­sio­nal en la Penín­su­la Itá­li­ca se remon­tan prác­ti­ca­men­te a la Anti­gua Roma, don­de el siste­ma de clien­te­li­smo emplea­do por las gran­des fami­lias patri­cias daban som­bra a todo un séqui­to de car­roñe­ros y per­so­na­jes frau­du­len­tos. Si hay pro­spe­ri­dad no tar­da en avan­zar y refi­nar­se el cri­men, siem­pre que no exi­stan los instru­men­tos para poner­le fin.

El sur­gi­mien­to de las mafias moder­nas está más que docu­men­ta­do por los histo­ria­do­res ita­lia­nos que empla­zan su géne­sis a la región de Sici­lia. En el siglo XIX, sur­gió la figu­ra cla­ve de los «gabel­lot­ti» (reco­lec­to­res de impue­stos) en esta región ita­lia­na para admi­ni­strar las pro­pie­da­des de los ari­stó­cra­tas. Ellos obte­nían a cam­bio un por­cen­ta­je de las cose­chas, pero para acre­cen­tar sus ganan­cias divi­dían las tier­ras en pequeñas áreas y las arren­da­ban a los cam­pe­si­nos, quie­nes tam­bién les otor­ga­ban un por­cen­ta­je del botín. 

Poco a poco, estos capos se vol­vie­ron cada vez más pode­ro­sos e incur­rie­ron en actos de cor­ru­p­ción: extor­sio­na­ban a los labrie­gos, se apro­pia­ban inde­bi­da­men­te de pasti­za­les para dar de comer al gana­do y orga­ni­za­ban gru­pos de ladro­nes y cua­tre­ros. Por esta razón se les con­si­de­ra a los «gabel­lot­ti» como ante­ce­den­te direc­to de la Mafia. Sus prác­ti­cas no tar­da­ron en ser imi­ta­das en otras regio­nes empo­bre­ci­das del país.El sur­gi­mien­to de las mafias moder­nas está más que docu­men­ta­do por los histo­ria­do­res ita­lia­nos que empla­zan su géne­sis a la región de Sici­lia.

El mito de la fun­da­ción españo­la de las mafias ita­lia­nas tie­ne nexos con la leyen­da negra que envuel­ve tam­bién a la fami­lia Bor­gia, cali­fi­ca­da sin fun­da­men­to de pri­me­ra fami­lia cri­mi­nal de la histo­ria. La rea­li­dad es que los crí­me­nes de los Bor­gia (abu­sos en el poder, nepo­ti­smo, trá­fi­co de influen­cias, etc) fue­ron idén­ti­cos a los de otros Papas, con la sal­ve­dad de que pocos pon­tí­fi­ces han sido de nacio­na­li­dad no ita­lia­na.

¿Existió la Hermandad de la Garduña?

Es difí­cil encon­trar indi­cios razo­na­bles que cor­ro­bo­ren la exi­sten­cia de la Her­man­dad de la Gar­duña –la supue­sta­men­te más lon­ge­va socie­dad cri­mi­nal de Euro­pa– y menos en los tér­mi­nos román­ti­cos que se ha tran­smi­ti­do. Hasta hace pocos años, el deba­te se cen­tra­ba en defi­nir cuál fue su papel en la España de los Austrias, pue­sto que su exi­sten­cia se daba por segu­ra. Y es que para soste­ner la auto­ri­dad españo­la en Nápo­les, Sici­lia, Cer­deña y el Duca­do de Milán se reque­rían alia­dos a todos los nive­les. Por esta razón, su rol que­dó vin­cu­la­do al de orga­ni­smo sub­ter­rá­neo al ser­vi­cio de los vir­reyes españo­les en Ita­lia. No obstan­te, la Her­man­dad de la Gar­duña ha que­da­do a día de hoy, tras más inve­sti­ga­cio­nes, redu­ci­da al mun­do de las leyen­das y las espe­cu­la­cio­nes.

De obe­de­cer a éstas, aún muy vivas en el sur de Ita­lia, la Gar­duña fue crea­da en Tole­do sobre el año 1412, liga­da a los asal­tos a las casas de musul­ma­nes y judíos que habían sido pre­via­men­te seña­la­das por la Inqui­si­ción. Después se habría desar­rol­la­do mucho en Sevil­la, hacia don­de iban a parar las per­las, gemas, esme­ral­das, oro y pla­ta de la recién con­qui­sta­da Amé­ri­ca. Con el con­si­guien­te auge de la indu­stria del lujo y la ban­ca aumen­tó, a su vez, la cri­mi­na­li­dad aso­cia­da a la rique­za. Como gre­mio de ladro­nes con­ta­ba con una estruc­tu­ra inspi­ra­da en las cofra­días reli­gio­sas, en cuya apa­rien­cia se escu­da­ría para ope­rar con impu­ni­dad.

El per­so­na­je de Moni­po­dio en la nove­la ejem­plar de Cer­van­tes «Rin­co­ne­te y Cor­ta­dil­lo» podría estar, pues, inspi­ra­do en un per­so­na­je real, al cual tuvo la opor­tu­ni­dad de cono­cer el escri­tor cuan­do estu­vo en la cár­cel. Las refe­ren­cias sobre esta secre­ta y todo­po­de­ro­sa her­man­dad se alar­gan hasta el siglo XIX, cuan­do habría vivi­do sus epi­so­dios fina­les. 

Muchos inve­sti­ga­do­res han soste­ni­do su influen­cia sin el menor ati­sbo de duda. Es el caso del impor­tan­te soció­lo­go ale­mán Georg Sim­mel o el inte­lec­tual Enzen­sber­ger, que defen­die­ron su gran impac­to en las socie­da­des medi­ter­rá­neas. Más lejos lle­gó el histo­ria­dor y poli­cía Manuel de Cun­días que ase­gu­ró que el Gran Mae­stro de la her­man­dad tuvo una vivien­da reser­va­da en el Pala­cio de la Monar­quía de los Austrias, lo cual daría cuen­ta de su influen­cia den­tro del Impe­rio español.

La policía de los Reyes Católicos

En con­tra­po­si­ción a la Gar­duña –de ser cier­to que exi­stió– se creó en 1476 la San­ta Her­man­dad, uno de los pri­me­ros cuer­pos poli­cia­les orga­ni­za­dos de Euro­pa, que fue desar­rol­la­do en los años poste­rio­res a la guer­ra civil que enfren­tó a los par­ti­da­rios de Isa­bel de «Castil­la» y a los de Jua­na «La Bel­tra­ne­ja». En 1476, las Cor­tes de Madri­gal deci­die­ron uni­fi­car las distin­tas her­man­da­des de este tipo, que venían exi­stien­do a nivel local desde el siglo XI en los rei­nos cri­stia­nos, para com­ba­tir el pro­ble­ma del ban­do­le­ri­smo en los cam­pos castel­la­nos. Caren­tes de tro­pas pro­pias, los futu­ros Reyes Cató­li­cos recla­ma­ron a los pro­cu­ra­do­res de cada región que levan­ta­ran ejér­ci­tos lea­les a la Coro­na para per­se­guir a los ban­do­le­ros y a los nobles que habían apoya­do a «La Bel­tra­ne­ja». «Por ella [Isa­bel] fue destrui­da la sober­bia de los malos cabal­le­ros que eran trai­do­res e deso­be­dien­tes a la coro­na real…»

La efec­ti­vi­dad de esta uni­dad per­mi­tió lim­piar Castil­la de ladro­nes «e robos, e ban­dos, e sal­tea­do­res de cami­nos, de lo cual era lle­na cuan­do comen­zó a rei­nar. Por ella [Isa­bel] fue destrui­da la sober­bia de los malos cabal­le­ros que eran trai­do­res e deso­be­dien­tes a la coro­na real…», pro­cla­mó en una de los can­tos a la Rei­na Andrés Ber­nál­dez, el cura de Los Pala­cios. De ahí lo inju­sto de la expre­sión «¡A bue­nas horas, man­gas ver­des!», que tie­ne su ori­gen en el color de su uni­for­me, un cole­to, o cha­le­co de piel hasta la cin­tu­ra con man­gas de color ver­de, y en su carác­ter rural. Dado su ran­go tan amplio de actua­ción, este ante­ce­den­te remo­to de la Guar­dia Civil solía lle­gar tar­de siem­pre al lugar del cri­men, de modo que el pue­blo castel­la­no acuñó esta expre­sión popu­lar como chan­za sobre su len­ti­tud.

César Cer­ve­ra Abc.es

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